La auto regulación emocional es uno de los retos más difíciles por los que todos los seres humanos hemos de pasar. Algunos lograremos un camino exitoso, amable y positivo, mientras que otros atravesaremos grandes tormentas hasta lograr llegar a nuestro lugar seguro.
A menudo los niños pequeños tienen dificultades para regular sus emociones y estos sentimientos conducen a comportamientos negativos que los niños no pueden evitar, pues no logran entender por completo, llenándose de frustración y alimentando la intolerancia a situaciones de conflicto.
Estos procesos son parte del desarrollo y del aprendizaje de nuestros hijos y es nuestro deber acompañarlos y guiarlos mientras logran alcanzar todo su potencial en la construcción de su inteligencia emocional.
Cada día decimos a nuestros niños que “NO deben hacer” gran cantidad de cosas, como empujar, morder, gritar sin razón, llorar en exceso, ser “abusivos” con sus pares o con quienes los cuidan y quieren. Tenemos una larga listas de cosas que sabemos no deben hacer, pero no siempre tenemos claro cómo ayudarlos a llegar al punto en el que ellos logren reconocer lo que sí deben y pueden hacer por sí mismo.
Y es que no sólo se trata de dar cátedra sobre el buen comportamiento, sino de mostrar y enseñar con constancia y con el buen ejemplo de una mamá que no dice lo primero que le sale de la axila, sino que es capáz de reconocer lo que siente antes de reaccionar con una frase o acción que, lejos de ser positiva o constructiva, sólo es una muestra de eso que no queremos en nuestros niños.
La inteligencia emocional de nuestros hijos se construye y alimenta de los que estemos dispuestos a dar: las demostraciones de afecto constantes, palabras positivas que refuercen su autoestima, la confianza que les ofrecemos, el reconocimiento de sus capacidades, habilidades, logros y fortalezas como seres humanos y desde temprana edad. La constante comunicación oportuna, honesta y pertinente y las relaciones saludables, son algunas de las herramientas que, si ofrecemos a nuestros hijos, harán más fácil y placentero el ya complicado camino de la vida. Pero claro, siempre es menos difícil hablar sobre las cosas que ponerlas en práctica y es normal que si no hemos tomado en cuenta esto antes, pues no sea tan simple hacer que suceda y menos adivinar cómo hacerlo, así que tal vez estos consejos pueden ayudar a empezar en este proceso para el buen manejo de las emociones de tus hijos:
Mantener la calma y escucha con atención , no sólo lo que están diciendo, si no eso que quieren decir y no saben cómo. Ponte a su altura y habla con ellos mirándolos a los ojos,eso evitará que se sientan intimidados por tu gran tamaños (recuerda que son chiquititos y debe ser aterrador que te hable un gigante).
Validar sus emociones. Esta es una forma de hacerlos sentir importantes y decirles sin palabras, que los escuchas y los entiendes. Esto les dará la seguridad que necesitan para enfrentar situaciones de conflicto y resolverlas de manera exitosa. La ira, tristeza, dolor, molestia , miedo o felicidad extrema son sentimientos que a menudo sobrepasan y desbordan a nuestros hijos, haciendo que se pierdan en el torbellino de sus emociones sin poder parar. Decirles ”que entiendes que están molestos, pero que eso no justifica un comportamiento agresivo, y que siempre es mejor usar sus palabras antes que sus puños”, es un buen comienzo para ayudarlos a reconocer lo que están sintiendo y modelar una forma más adecuada de expresarlo.

Es importante que sepan que está bien tener estos sentimientos, pero no siempre se puede actuar sobre ellos de manera agresiva.
El ejercicio al aire libre o en casa es una gran ayuda. El movimiento aumenta los niveles de producción de algunas hormonas que contribuyen a que los niños logren enfocarse y concentrarse, mientras disminuyen la hiperactividad y la impulsividad.
Los juegos del tipo “Simón Dice”, sirven para que los niños sigan consignas de manera lúdica y amable, controlen su cuerpo y hagan más precisos sus movimientos corporales.
Jugar juegos de memoria con naipes, fichas o cualquier objeto que tengas a mano, alimenta la carga cognitiva del ser humano en desarrollo lo que despierta y pone a trabajar la corteza frontal del cerebro que ayuda a manejar la impulsividad en los niños.
Practicar algún deporte, disciplina o arte marcial es un aporte positivo por el manejo de su respiración y el control que les brinda sobre ellos mismos.
Nuestros hijos, al igual que nosotros, tienen emociones negativas y positivas en su pequeño ser, todas juntas y todas revueltas y es nuestro deber como sus adultos responsables, guiarlos en el camino de reconocerlas, aceptarlas y manejarlas de manera adecuada, oportuna y sin rechazarlas, pues son parte importante de quienes son ahora y de quienes serán mañana.
