Educar no es fácil. Educar es, en realidad, una tarea difícil, muy difícil, complicada, titánica. Pero educar con amor, tiene grandes beneficios, para los chicos y los grandes y educar con amor y constancia, aún más.
Como mamás y papás decidimos la forma en la que queremos criar a nuestros niños basándonos en que lo que elegimos siempre será lo mejor para ellos. Elegimos palabras, alimentos, ideas y es lo que les damos esperando el mejor resultado. En el camino nos encontramos con situaciones inesperadas, como algunos comportamientos que no creímos ver en nuestras niñas y niños, y ciertamente muchas veces no sabemos cómo reaccionar ante ellos. Pero debemos entender que nuestra tarea es poner límites, guiarlos para moldear su comportamiento, acompañarlos mientras transitan su proceso de aprendizaje y ser constantes en todo momento, pero por sobre todas las cosas dejarles muy claro que nuestro amor es incondicional, lo que no significa que pasaremos por alto las conductas inapropiadas.
¿Qué quremos decir cuando hablamos de conductas inapropiadas?
Este es un tema delicado, pues sin duda la respuesta está relacionada a nuestra propia visión de la vida y lo que consideremos correcto y equivocado. Cada familia es un universo con sus propios colores y gustos y no siempre coincide con lo que otros piensan o sienten.
Pero ciertamente podemos nombrar algunos comportamientos o actitudes que ninguna familia debería asumir como apropiados durante el proceso de formación de ningún niño, ya que serán parte de su identidad como adulto, como tomar lo que no le pertenece, reaccionar con violencia o mentir.
Las conductas inapropiadas son aquellas que nadie, sin importar el tipo de crianza que haya elegido para sus hijos, puede aceptar como normales o dejar de corregir.
Constancia, la clave de todo:
Cuando decidimos cómo vamos a educar a nuestros pequeños, parece que hemos resuelto el gran enigma de la crianza y ensayamos cuál será nuestra respuesta ante un comportamiento inapropiado, aunque con frecuencia, cuando llega el momento de actuar, sentimos que no estábamos preparados para lidiar con esa situación. Es perfectamente normal que sintamos que guiar a nuestros niños nos sobrepasa por momentos, pues el cansancio y los malos días (que todos tenemos) no siempre nos ayudan a responder de la mejor manera. Pero cuando esto sucede debemos tener muy presente que la constancia en nuestras acciones hará que nuestros hijos tengan claridad sobre lo que se espera de ellos y sobre los límites que estamos marcando dentro y fuera de casa. No podemos reaccionar severamente ante una acción el día de hoy y mañana dejarla pasar abiertamente porque no estamos de humor para una confrontación, lo que no significa ni por un segundo que no debamos elegir las batallas que es necesario librar con nuestros niños. Sin importar cuán cansados nos sintamos hoy, nuestra respuesta debe ser consistente, coherente y constante.
¿Cuáles son los comportamientos que no debemos aceptar en nuestros hijos e hijas?
Como dijimos anteriormente, esto siempre va a depender del tipo de educación que hayamos decidido dar a nuestros niños, pero podemos hablar de algunos comportamientos que ningún adulto debería dejar pasar si nota en casa. Debemos tomar en cuenta que las acciones que tomemos con respecto al comportamiento que hayamos detectado en nuestros hijos, deben ser firmes, pero constructivas. Deben buscar educar y no avergonzar o disminuir a nuestros pequeños.
En esta nota te dejamos algunos ejemplos de las conductas que no deberíamos dejar pasar bajo ninguna circunstancia y cómo reaccionar ante ellas.
Tomar algo que no les pertenece:

Los niños son fáciles de impresionar con objetos coloridos y brillantes, sobre todo cuando le pertenecen a alguien más y en los niños más pequeñitos, el tomar lo que llama su atención, es un impulso perfectamente natural. Pero cuando los niños empiezan a crecer, deben aprender que no importa cuanto deseen algo, si no les pertenece no pueden tomarlo sin permiso. Este aprendizaje está relacionado con el respeto, la autorregulación, la honestidad y la honradez.
Si sucede que descubrimos que nuestro niños han tomado algo que no les pertenece, debemos hablar con ellos y recordarles que no es correcto y que deben devolver el objeto que se llevaron. Nos corresponde asegurarnos que lo hagan y si es necesario, acompañarlos a hacerlo, pero dejar que sean ellos quienes se expliquen y disculpen. Estos valores serán aprendidos solo si nosotros podemos enseñarlos con palabras amorosas y un buen ejemplo.
Burlarse de otros por ser diferentes:
No es extraño que los niños noten con mucha facilidad las diferencias entre ellos y otras personas. Una silla de ruedas, lunares, colores o cualquier rasgo que sea llamativo, puede hacer que los niños hagan un comentario que incomode a la otra persona. Algunas veces algunos niños pueden llegar a hacer burla de esas diferencias y eso es simplemente inaceptable.
Nuestra labor es ayudar a nuestro hijos a entender que aunque todos somos diferentes, valemos lo mismo como personas y que nadie nunca debe ser mal tratado por tener una dificultad o ser distinto a otros.
Enseñemos a nuestros hijos a encontrar lo increíble de la diversidad, de esa manera les estaremos enseñando también a ser tolerantes, empáticos, sensibles y respetuosos.
Bullying, de ninguna manera:

Es perfectamente normal que los niños discutan sobre cualquier cosa: sobre quién es el líder del juego, quién encontró el tesoro pirata o quién creció más durante las vacaciones. Estas “peleas” o “desacuerdos” son parte de su desarrollo y les enseñan a resolver problemas y a encontrar soluciones. Sin embargo no podemos permitir que exista un conflicto constante con alguna niña o niño en particular y sin motivo alguno, pues esto podría convertirse en un caso de Bullying y no debemos permitirlo.
Si notamos que nuestros hijos parecen tener un problema con alguien, debemos estar muy atentos para entender el motivo y si se trata de una caso de hostigamiento, debemos hacer que pare y que nuestros hijos entiendan que ese comportamiento no puede justificarse de ninguna manera. De ser el caso, deberán disculparse y comprometerse a no volver a hacerlo.
Mentir no es necesario:
La honestidad es un valor que cada vez es menos frecuente en las personas. Ser honestos y verdaderos es algo que nuestras hijas e hijos deben aprender de nosotros y para eso nuestro hogar debe ser un “lugar seguro”, donde todo puede ser dicho y el amor va a estar por encima de cualquier error que hayan podido cometer.
Pero para lograr este escenario ideal, la comunicación debe ser fluida y constante, tanto entre padres e hijos, como entre los adultos de casa.
Si pillamos a nuestros hijos diciendo una mentira, debemos darles la oportunidad de decir la verdad y aceptar las consecuencias de sus acciones, sean las que sean. Seamos pacientes, pues algunos niños necesitarán un poco más de tiempo para aceptar que mintieron y contar la verdad, pero debemos reconocer su valor cuando suceda. Dejemos que sepan que no estamos de acuerdo con la mentira pero que siempre pueden hablar con nosotros de cualquier cosa, que los vamos a apoyar para enfrentar las consecuencias de sus acciones y sobre todo hagamos que sepan cuán orgullosos nos hacen sentir al decir la verdad.
Perder el control cuando se enojan:
Aprender a manejar las emociones es un trabajo largo y difícil, que todo niño (y adulto) debe lograr. Para algunas niñas y niños resulta ser un camino fácil de transitar, pero para otros puede ser un verdadero tormento. En estos casos algunos pequeños suelen llegar a romper cosas e incluso a golpear a quien tengan cerca. Este es un comportamiento que hay que atender de manera inmediata y no dejar que siga creciendo.
Cuando suceda una situación de este tipo, los niños deben ser manejados con serenidad, debemos lograr que salgan de ese estado conteniéndolos emocional y físicamente. Cuando se hayan calmado deben saber que lo que hicieron no está bien y deben reflexionar al respecto, disculparse en su momento y encontrar una forma “reparar” lo que haya sido dañado.
Debemos dejar muy en claro, que la violencia no es buena y no se acepta en nuestra casa, pero sobre todo, debemos enseñar con el ejemplo en todo momento.
Es muy claro que la comunicación, la constancia y el amor, son la clave de una crianza positiva y exitosa, por decirlo de alguna manera, pero es necesario que nosotros seamos el ejemplo del comportamiento que pedimos a nuestros niños.
Tengamos paciencia, seamos claros, aceptemos sus errores y los nuestros y aprendamos juntos de ellos. Con amor, todo es posible.
