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Cómo organizar nuestro tiempo para darles tiempo de calidad a nuestros pequeños

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Cuando la abuela tuvo hijos se quedó en casa para cuidarlos, esa era su función, su trabajo. No había nada que cuestionar ni alternativas que tomar (al menos para la mayoría), pues esa era la labor que debía cumplir y ya. Tuvo 8 hijos con la certeza de que los mayores serían una suerte de niñeros para los menores. Y seguro su día estaba más que ocupado entre lavar las rumas interminables de pañales de tela, los juegos repetidos mil veces, las comidas para un batallón, los abrazos y besos, el abuelo, la casa y el resto de la familia que seguro caía por las tardes en la casota que tenían.

Cuando tu mamá fue tu mamá, pudo decidir dejar de trabajar para ser una madre de tiempo completo y no perderse una sola sonrisa, palabrita, caricia, logro o gesto nuevo de sus hijos. Una mamá de esas que lo hacía todo con sus manos, pues el tiempo no era un problema.

Y luego te tocó a ti. Seguro dejar de trabajar no fue precisamente una opción y ¡qué bueno!, (¿Te imaginas quedarte en casa todo el día para ser la única responsable de esas cosas que no disfrutas tanto hacer?).

¡Qué difícil es tratar de hacerlo todo! Y la verdad es que diseñar un plan con una logística de precisión matemática cada día, siempre es posible (perdiendo la voluntad de vivir cada noche… pero recuperándola por las mañanas… a veces). El detalle es hacerlo bien

Tal vez te pasó que cuando  te convertiste en mamá decidiste que no querías a nadie que no fueras tu dirigiendo en casa. Diseñarías las rutinas para tus hijos y jugarías los juegos más divertidos del mundo. Leerías los cuentos más fantásticos y prepararías una comida sana y riquísima, encontrando la forma de combinar la lactancia exclusiva con tu trabajo y lo poco que te quedaba de vida personal. Claro, todo esto sumado al cuidado de la casa (una manera fina de decir trapear, limpiar, lavar, refregar, cocinar, encerar y pulir como en Karate kid), de tus perros, de tus niños y de tu cuerpo cansado por la maternidad, la lactancia y todo lo demás. Pero lo hiciste, sí, ¡lo hiciste!   

Y seguro has conseguido seguir trabajando y has logrado acomodar tus horarios y hacerte de un “medio tiempo” para seguir siendo la mamá de tus hijos cuando vuelven del cole por las tardes, sin la necesidad de contratar a una persona que cuide de la casa y de ellos en tu ausencia. Y para poder mantener esa figura trabajas como free lance en lo que sale y en el horario que sea, pero a pesar de estar siempre con ellos y quiero decir SIEMPRE, el tiempo que pasas con tus hijos no necesariamente es el mejor. A veces estas y no estas al mismo tiempo, y mientras piensas en todo lo que debes o quieres o has planeado hacer, escuchas a lo lejos casi como un murmullo, unas vocecitas que gritan "mamá, ¿puedo hacer una fogata en la sala?". Tu respondes (mientras terminas una llamada importante pero no vital) que sí, asumiendo que te preguntaron si podían comer cereal. O por ejemplo: las clases  extracurriculares en las que pasas dos horas al día, 3 veces por semana acompañando a tus retoños mientras corren y ríen y tu sólo tratas de avanzar trabajo pendiente desde la maravilla tecnológica que es tu teléfono móvil, al mismo tiempo que ellos gritan "mamá ¿viste como corrí?".

Y ya, una trata de sacarle provecho a ese tiempo en el que normalmente estarías lavando el almuerzo o haciendo las loncheras para el día siguiente o doblando la ropa que lavaste hace 4 días o haciendo algo con esos pelos que crecen sin control sobre tu cuerpo y, claro, ¡NO LOS VÍSTE CORRER! 

Lo cierto es que estabas trabajando, no sacándote un selfie. Pero su percepción de las cosas es distinta y va más por que NO les estás prestando la misma atención que a ese aparato que siempre dices que ellos no pueden usar. Y sí, seamos honestas, no puedes negar que a veces no estás terminando de editar una foto, o haciendo los textos para un post del trabajo que debe salir hoy sí o sí. A veces estas hablando con tus amigas en un chat que si no miras a tiempo (eso quiere decir todo el tiempo) tiene 249 mensajes no leídos que no podrás leer nunca (y que en realidad no son de vida a o muerte, pero son tu "vida social").

Y es que ¡es tan difícil hacerlo todo y hacerlo bien al mismo tiempo! Es imperativo encontrar un balance, un equilibrio entre nuestro trabajo, nuestra vida personal y nuestros hijos, para que ellos puedan sentirse  tan importantes todo el tiempo como en realidad son, y nosotras no dudemos ni por un segundo que somos buenas madres, que lo hacemos bien, que ellos son felices y que nosotras podemos serlo también. 

Necesitan nuestra atención y lo cierto es que la merecen. La vida pasa pronto, tanto que mañana no nos pedirán más que les bajemos la caja de disfraces que está en la parte más alta del closet, o que les ajustemos la toalla del pelo porque siempre pero siempre se cae después de ponerse el polo, o que te eches en sus camitas hasta que se queden dormidos porque han tenido un sueño aterrador en el que un mosquito gigante los persigue para picarlos y solo tu puedes ahuyentar a esos monstruos que habitan en su imaginación, o que simplemente los apachurres en público para que después te digan gritando emocionadísimos que los mires en la carrera de 100 metros en la que están ganando con furia.  

La vida rápida que vivimos en un mundo estridente nos pide estar "conectados" entre grandes para resolver cosas urgentes, pero tal vez si nos conectamos con nuestros hijos podamos tener tiempo para lo que es verdaderamente importante y les demos las herramientas que necesitan ahora que son chicos para mañana llegar a ser grandes. 

Anda , apaga tu celular y entra en modo #DesconectarteparaConectarte… pero con ellos.

 

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